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La Universidad del Salvador celebra sus 70 años de vida
Bajo el lema Proyectar el futuro desde la solidez de sus raíces, la Universidad del Salvador celebra en estos día sus 70 años de historia, con una destacada agenda de actividades.
El presidente de la Red UC-OC y rector de la UCSF, Eugenio Martín de Palma, junto a otros miembros de la red participaron de los actos centrales en la ciudad de Buenos Aires, acompañando a la comunidad de la USAL.
De Palma destacó la trayectoria y el aporte al sistema universitario argentino en todos estos años, a partir de la formación de profesional comprometidos con la sociedad, así como al desarrollo de la comunidad a través de la investigación y la extensión, tareas propias de las universidades.
El presidente de la UC-OC compartió las felicitaciones y el saludo especial de todas las universidades que conforman la Red, con el rector de la USAL y vicepresidente también de la UC-OC, Carlos Ignacio Salvadores de Arzuaga, y su vicerrectora Académica, Romina Cavalli; así como con toda la comunidad de estudiantes, docentes, investigadores, personal de conducción, administrativo y de servicio.
A continuación compartimos el discurso del rector de la USAL, Carlos Ignacio Salvadores de Arzuaga.
Señoras, señores,
Estamos viviendo un momento auténticamente histórico, que a muchos nos produce una honda emoción.
Nuestra Universidad del Salvador cumple 70 años.
En ocasiones como ésta, la tentación, por así decirlo, es remontarnos al pasado y recorrer los numerosos jalones que fueron marcando la existencia de esta casa, incluso antes del acta fundacional del 2 de mayo de 1956.
Pero preferí elegir otro enfoque, más asociado al espíritu jesuita del que procedemos: proponerles a todos enfocar la mirada en el futuro.
Dicho de otro modo, preguntar y preguntarnos ¿hacia dónde vamos?
Un primer antecedente que motivó mi decisión puede encontrarse en el mensaje que nuestro recordado padre Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, nos remitió en agosto de 2024, en el contexto de la celebración del medio siglo de la Carta de Principios “Historia y Cambio”.
Fiel a su estilo, Francisco nos dio dos recomendaciones:
– la primera, que el homenaje a ese documento “no se limite a dar cuenta de cómo ha guiado el recorrido de la Universidad del Salvador, sino también que pueda, a la luz de su misión, definir y orientar el servicio a la comunidad en el presente y en el futuro”.
La segunda, “invito a cada miembro de la Universidad del Salvador a dar testimonio de su identidad ignaciana”.
El futuro, por naturaleza, es el ámbito de lo desconocido. ¿Cómo encarar nuestra tarea, entonces? ¿Cómo avanzar?
En “Historia y Cambio”, escrita en 1974, el padre Bergoglio nos orientó al impulsarnos a hacerlo “mediante el retorno a las fuentes”.
¿Y cuáles son esas fuentes, que deben servirnos como brújula en nuestra marcha hacia el futuro?
La primera es sin duda la confianza en Dios, confianza plena en que Él va a guiarnos en todo momento y en cualquier circunstancia, incluso cuando nos toque “cruzar por oscuras quebradas”, como canta el magnífico Salmo 22.
Prestemos atención, en que no se nos promete que no afrontaremos dificultades, sino que cuando nos sobrevengan debemos mantener la tranquilidad porque contamos con el auxilio del Todopoderoso, que nos ama y que es fiel a sus promesas.
Con esa convicción debidamente asumida, una segunda fuente de nuestro avance proviene del ejemplo de nuestros predecesores.
La Universidad del Salvador es, como ya se ha dicho, el fruto de una semilla plantada, en los mismos orígenes de la presencia jesuita en estas regiones por efecto del espíritu de los primeros hijos de San Ignacio de Loyola.
En efecto: por ejemplo, ya a fines del siglo XVI, cuando la Compañía de Jesús apenas tenía unas pocas décadas, los jesuitas proponían para sus centros de enseñanza “formar expertos en saberes nuevos, para influir y para atraer a los jóvenes”.
Fueron jesuitas los que en 1582, con sus observaciones astronómicas, superando muchas resistencias y hostilidad de los principales poderes de su tiempo, convencieron al Papa Gregorio XIII sobre la necesidad de ajustar el calendario y definirlo tal como lo conocemos hoy.
También fueron jesuitas quienes influyeron en la decisión vaticana de admitir la teoría heliocéntrica de Galileo Galilei, por más que toda la ciencia aceptada de entonces, tenía por verdad inconmovible que la tierra era el centro del sistema.
Quedaba en claro así, que la Compañía de Jesús privilegiaba en los suyos el amor a la verdad, una conciencia autónoma y un pensamiento crítico que no eran usuales en aquella época, y que aún hoy, a menudo, provocan molestias en los que se aferran al statu quo.
Ese espíritu es el que buscamos mantener y promover en nuestros estudiantes, más de cuatro siglos después.
Nos internamos en el futuro con plena confianza en la ayuda divina y con el ejemplo de actitud y conducta que nos viene de siglos.
De ese modo, podemos proponer desde nuestra Universidad los beneficios de probar siempre nuevos límites; asumir los riesgos de ir hacia adelante haya o no camino y preservar celosamente, al mismo tiempo, la firmeza de nuestras convicciones y la flexibilidad de nuestro criterio, en un equilibrio virtuoso que nos salva de flamear al compás de opiniones circunstanciales “de moda”.
Para lograrlo echaremos mano del ejemplo que podamos dar para motivar a quienes se acercan a la Universidad.
Se ha dicho que se convence con argumentos, pero se motiva con el ejemplo.
En esa línea, el gran San Francisco Javier nos enseñó con su vida, que la plena disponibilidad, vale más que muchos planes estratégicos para generar motivación, y que el mejor resultado no está en muchas definiciones bien memorizadas, sino más bien en desplegar la sensibilidad para reconocer y aprovechar las oportunidades.
A esta altura ya podemos vislumbrar qué Universidad del Salvador por cuál habremos de trabajar: será una Universidad comprometida en serio y a fondo con la comunidad de la que forma parte, sin titubeos, sin pretextos.
Ese modelo de Universidad como servicio, excluye pensarla como lugar para mejorar nuestras futuras condiciones de trabajo, o solamente un ámbito con aptitud para expedir títulos.
El concepto de comunidad, rico y profundo, merecería un espacio y un tiempo que excede en mucho los de este discurso, pero que el Papa Francisco nos ayuda a comprender con una imagen sencilla y elocuente: la de cada uno de nosotros ocupándose del otro y poniendo a su servicio sus capacidades.
¿Es eso posible?
¿Lo permiten las actuales condiciones de la sociedad y del mundo en que nos insertamos?
No tenemos las respuestas ciertas a estas preguntas.
Pero nos obliga a buscarlas como Universidad que une su suerte a la de la comunidad en que se mueve.
Para terminar, repasemos las herramientas de que disponemos para emprender la aventura:
Confianza en Dios,
Atención a nuestra historia y a sus ejemplos de vida,
Motivación,
Compromiso,
Servicio a los demás,
Sentido de la comunidad…
Con todo ese bagaje, el futuro ya no es tan inescrutable ni nos produce temor.
Los cristianos conocemos el sentido de la esperanza, entendida como don de Dios, una virtud estrechamente vinculada al futuro que hoy nos ocupa a 70 años de la fundación de nuestra Universidad del Salvador.
Una vez más es el padre Jorge Bergoglio, nuestro querido y recordado Papa Francisco, el que nos ayuda cuando dice “Así es la esperanza: sorprende y abre horizontes, nos hace soñar lo inimaginable, y lo realiza”.
Que Dios bendiga a la Universidad del Salvador y a todos quienes la conforman, y que San Ignacio nos oriente en este maravilloso peregrinaje de la vida.


